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Dos pintores cubanos, uno residente en Miami y otro en la Isla, y una artista chilena, tres generaciones distintas, se adhieren a un proyecto común: enfrentar desde el arte la luz y contraluz de una realidad tan diversa como los enfoques posibles de un cosmos infinito. Recreando la insularidad como condición determinante -una isla en el Caribe y otra anclada a mitad de camino entre la cordillera y el litoral, una ciudad como espejo de una isla-, estos artistas asumen una identidad latente en una diversidad que es coherencia y crisol de sus creaciones. Son expresiones de un arte que no ha tenido la oportunidad de una amplia presencia en galerías internacionales, aunque profundamente conceptual y humanista, diverso e imbricante que se refleja en sus curriculums artísticos, exposiciones personales y colectivas, y en la adquisición de sus obras por coleccionistas privados de América y Europa.
Aquí los lienzos se enriquecen de múltiples y complejos hilos discursivos, desde la tradición académica de Yampier y la esencia hispánica y africana de Moreno, hasta el realismo decorativo y sensual de Marlis Schulen. Ellos nos hablan del vórtice y la periferia, de la visión utópica y la realidad, de un entorno cambiante de coordenadas conceptuales y formales. La transgresión de los límites que separan lo efímero de lo artístico, lo perecedero de lo raigal, siempre en aras de un continuo regreso a las fuentes originales, en tanto que visión novedosa en enfoques y discursos, parece ser la razón primigenia y motivadora de esta muestra itinerante. |